Estudiando Las Sagradas Escrituras encontré un pasaje en el libro de Número donde relata la historia del pueblo de Dios en el desierto. La Escritura dice: La chusma que se había mezclado al pueblo se dejó llevar de su apetito. También los israelitas volvieron a sus llantos diciendo: "¿Quién nos dará carne para comer? ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, y de los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos! En cambio ahora nos encontramos débiles. No hay de nada. No vemos más que el maná." El maná era como la semilla del cilantro; su aspecto era como el del bedelio. El pueblo se dispersaba para recogerlo; lo molían en la muela o lo majaban en el mortero; luego lo cocían en la olla y hacían con él tortas. Su sabor era parecido al de una torta de aceite. Cuando, por la noche, caía el rocío sobre el campamento, caía también sobre él el maná. Leyendo esta historia me acorde de una mujer que estaba trabajando de cocinera en un preescolar y yo estaba cerca y dijo: Adonde yo vivia antes comia pescado de gratis, me gustaria irme para alla otra vez. Así como esta mujer y como estas personas del relato hay muchas que quieren comer todo el tiempo de gratis sin trabajar.
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